sábado, 12 de febrero de 2011

Una buena lección

Túnez y Egipto nos están dando una buena lección. Las cosas se pueden cambiar de forma pacífica cuando muchas personas no están de acuerdo con esas cosas y se unen para ponerlo de manifiesto.

La globalización que ha facilitado la tecnología y el sentido común de las masas, de los que no llegan nunca a tener voz individual, están marcando el camino de una nueva forma de hacer política en donde no cabe el absolutismo y donde no todo vale en las democracias, que exigen de lo electos transparencia, coherencia en las decisiones con el programa electoral y desde luego honestidad.

A todos los que -como a mi- os embarga la emoción por los logros de Tunecinos y Egipcios, por la forma en que los anónimos estamos cambiando el mundo, mi abrazo de ciudadano esperanzado.

sábado, 5 de febrero de 2011

Nuevos retos sociales para después de un fracaso (por Galo Mateos)

Por su interés reproducimos un resumen del último artículo de Galo Mateos

Vivimos más pendientes de lo que ansiamos, que de lo que somos. Cada año, un ingente número de estadísticas internacionales intenta situarnos en algún ranking, en el que siempre luchamos por vernos al principio. Hasta en el de ser infelices querríamos estar antes que otros si con eso ostentásemos algún raro mérito. Porque, no en vano, y, conducidos por la peor casta política que imaginar se pueda, nos lanzamos a la aventura económica más penosa de nuestra reciente existencia. Aventura que nos habría de dejar financieramente exhaustos por décadas. Acomplejados y codiciosos gobernantes nos forzaron a ser más que los demás a cualquier precio para acabar siendo menos que antes de intentarlo.

Confiemos en que no aparezca ningún otro iluminado que quiera convertirnos en ricos en 4 años de mandato. Sabemos leer y lo que pone en el último renglón de nuestras nóminas, ya poco era antes y ahora menos. Esto recuerda a aquellos números de circo tradicionales en el que un saltador, animado por el presentador, se lanzaba de lo alto de una torreta a una cuba de agua. Pues ahora, camino del hospital, aún nos llama ingratos por no reconocer que caímos cerca.

·Si planificas para un año, siembra trigo. Si planificas para una década, planta árboles. Si planificas para una vida, educa personas· (Kwan Tzu)

Es obvio que vamos a sufrir unas consecuencias personales y colectivas importantes y que vamos a ver cómo descendemos en esos ranking ante los que otro sacáramos pecho. Los 5 primeros años van a ser para olvidar. Pero ¿por qué someternos a medidores de progreso solo basados en parámetros económicos? ¿Por qué no hacer de esta tragedia, una oportunidad de crecer con más solidez de la que antes, improvisadamente, pretendimos? ¿Por qué no establecer objetivos colectivos 'operacionales', no solo económicos? ¿Por qué no modificar por un periodo, las recompensas hacia las causas objetivas del progreso y no hacia los resultados?

Siempre hemos sido conscientes de la necesidad de formarnos pero al establecer la recompensa solo en base al resultado, al final terminamos encontrando los atajos para llegar al premio con el mínimo esfuerzo. Regresemos pues, al mérito individual y social para que el resultado pueda ser más permanente y seguro.

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"Si cree que la educación es cara, pruebe usted con la ignorancia" (Derek Bok)

Si ya hemos sido capaces de relacionarnos anualmente con el poder y debatir presente y futuro, estamos en condiciones de abordar una estrategia que nos posicione con suficiencia ante el porvenir. Hablamos de formación, claro, de formación e investigación ¿Qué nos impide demandar a nuestra clase dirigente unos presupuestos aparentemente desorbitados para educación e investigación, en lugar de primar las energías renovables de los más cercanos, o de amamantar con una laxitud, a veces, delictiva, organizaciones de cualquier índole, con proyectos absolutamente banales y fuera del control ciudadano?

Ser los primeros en el mundo, no en PIB per capita, pero sí en Educación, en Investigación, en velocidad de transmisión de datos, en número de cadenas de televisión clausuradas, por carecer de otra función distinta de la de sostener las redes clientelares de la clase política. O líderes en programas de formación profesional, o en número de estudiantes con resultados satisfactorios en las pruebas de inglés.

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Tenemos que dar la vuelta a esa pirámide de poder en los partidos, que parece montada para rendir un culto cuasi-funerario a sus faraones. Para ver, si en vez de destilar delirios de grandeza de arriba a abajo, puede actuar como un simple embudo por el que verter hacia los partidos, las ideas y energía de una sociedad, harta de tanto boato y derroche, que ya no precisa de su místico liderazgo. Caminamos a pasos agigantados hacia organizaciones menos personalistas, planas e interactivas. Pero nuestros partidos viven todavía en el pasado.

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O corrigen el rumbo, homologándonos a las prácticas de los mejores países, o perderán su voto en la Red, que aglutina, entre otros planteamientos constructivos, el voto descontento y el voto juvenil. Una Red, que acoge una espontánea y creciente Resistencia a la alienación televisiva, en la que invierten cifras descomunales de nuestros impuestos para continuar en el poder.

En el 78, no nos conocíamos en libertad, pero ahora, con 32 años de experiencia, ya no estamos por aceptar esa falacia interesada, apoyada por escépticos y pasotas, de que España es diferente. Somos europeos, tan sensibles como cualquiera a las buenas prácticas políticas y no aceptamos que nadie nos invente una tara genética, que le permita saquear nuestra economía y nuestra democracia, a su antojo.

Más presión sobre el crecimiento cualitativo, información y diálogo de primera mano con la sociedad, y homologación política y administrativa con los mejores. Todo ello se puede llevar a cabo en estos primeros años, solo con voluntad y sin dinero. Y constituiría el fundamento real de una vida objetivamente mejor que la que tenemos. Lo demás, es propaganda, autoengaños y pamplinas.