domingo, 26 de febrero de 2012

El miedo a equivocarse

Me impactó el otro día un comentario de Pablo Motos en el Hormiguero, narrando la historia de un niño que dibuja la cara de Dios y al que su madre le indica que nadie sabe como es. La respuesta del niño, "espera a que acabe y lo vas a saber". 

He pensado mucho en el miedo a equivocarnos, como uno de los mayores problemas de la sociedad actual. Naturalmente hay errores y errores, pero en nuestra vida cotidiana, en nuestro día a día, lo bueno de equivocarse es que haciendo lo contrario se acierta.

Muchos me diréis, "diselo a un medico" o "diselo al presidente que declara una guerra". De acuerdo, no quiero llevar al absurdo un pensamiento que busca impulsar la idea de atreverse, osar, poner coraje en nuestro día a día, como forma de cambiar, ir a mas, salir de esta.

Creo que ser osado, intentar cosas nuevas es parte de la solución. Espero que la juventud lo intente. Tantas barbas blancas hoy al frente de las decisiones políticas podrán buscar soluciones ortodoxas, pero no nos harán soñar.

jueves, 9 de febrero de 2012

Las cosas están cambiando

Cuando alguien empieza a contarte algo con la coletilla de..."te digo de verdad que..." o "te juro que..."; inmediatamente desconfío. Por tanto:

No os miento al deciros que...las cosas están cambiando. Siempre he creído en la bondad natural del hombre, en que el hombre en lo más primario de su ser, es bueno. Y por esta ley me he dejado guiar poco a poco a lo largo de los años.

Al principio, cuando eres un "moco pelón" es verdad que no te das cuenta de nada. Vives en tu mundo, inmerso entre cotilleos de colegio, motos de 50, cigarritos a escondidas y nuevos cubatas. Todo hay que decir que se vive muy bien. Esos años de "macarreo" hay que vivirlos.

A lo que voy, soy profe en un colegio. Me llevo bien con la mayoría de mis alumnos, pero el otro día recibí un toque de atención por parte del director del cole. Comentó que mi método y actitud de enseñanza (aunque era bueno y él lo valoraba positivamente), presionaba y exigía demasiado a los niños y que debido a esto no quería llegar en ningún caso a un conflicto con los padres.

Pues bien, como un subordinado ejemplar durante las siguientes semanas no apliqué ningún correctivo que implicase un tono de voz elevado (aunque fuese ligeramente). Aunque nadie me hiciese ni caso, me lo tomé con muchísima paciencia y dejé poco a poco las faltas de respeto y desobediencias constantes de lado. Todo fuera por no dar lugar a un conflicto padres-centro.

La cosa está así:

- Insultos de todo tipo
- Cortes de manga, gestos obscenos
- Lanzan mis objetos personales del pupitre contra la ventana
- Me llaman drogado
- Dicen que voy borracho
- Se burlan de mi profesión
- Me llaman fracasado
- Amenazan con que harán todo lo posible por despedirme
- Afirman delante de los demás compañeros que para ellos es una desgracia tenerme como profesor.

Señores, he tocado fondo. Lo siento señor director, hoy se acabó. Pienso "echar el resto", me dirigiré a la junta, al presidente, a lo que haga falta para comentar lo sucedido porque creo que este tipo de actos atentan contra todo derecho humano, Me da igual que tengan 15 o 20 años. Voy a recurrir a la justicia como sea. Puede que pierda mi puesto de trabajo y lo asumo. Puede que no vuelva a ser contratado en la docencia, y lo asumo. Puede que...mis hijos...mi mujer...en fin...

No sé si os he comentado que desde pequeño creí en la bondad natural del hombre. Y...sigo creyendo.