Una reciente anécdota televisiva en que Remedios Cervantes, llevada por un impulso, hace perder a un concursante un buen montón de dinero, pone sobre el tapete la importancia de ese control de los impulsos humanos, más cuanto mayor sea el poder del impulsivo.
En efecto, encontramos al frente de instituciones y empresas privadas a personas que, a base de impulsos, se llevan por delante a personas o familias o a su propia empresa, tomando decisiones equivocadas por falta de información o evidencia equivocada.
Es la señora que entra a conocer a un hombre y se da la vuelta ofendida porque no se ha levantado a saludarla. Dos pasos mas hacia ese hombre le habrían bastado para ver la silla de ruedas. O la persona que se tropieza con otra de forma violenta y se vuelve y grita enfadada, sin darse cuenta de que ha tropezado con un invidente.
Con información parcial de apariencia verosímil, los impulsivos van tomando decisiones injustas que afectan las vidas de otros y solo dos cosas les pueden cambiar: encontrarse con otro impulsivo o que alguien mas capacitado y con el debido temple les acabe de apartar.
Todo llegará.